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La procrastinación y postergación de tareas


La procrastinación y postergación de tareas

El término procrastinar parece estar de moda últimamente, sin embargo no es nada nuevo. Procrastinación viene del latín: pro (adelante) + crastinus (futuro) = dejar para mañana, posponer, aplazar, postergar.

También es conocido como ladrón de tiempo, de tipo interno, ya que depende al 100% de la persona y su comportamiento, su personalidad, su forma de trabajar.

En vez de paliar sus efectos adversos para la productividad, la aparición de las nuevas tecnologías no ha hecho sino empeorarlos, aumentando el número de individuos que deciden dejar sus tareas para más adelante, distraídos por los múltiples estímulos que los avances en este campo ponen a su disposición.

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El origen de la procrastinación

El procrastinador, independientemente de si la postergación de tareas se lleva a cabo de forma esporádica o sistemática, se comporta de esta forma en base a dos creencias irracionales:

  • Se ve como inadecuado o incapaz para ejecutar una actividad.

  • Ve el mundo como un lugar demasiado difícil y exigente.

Se procrastina porque se cree que una determinada actividad va a suponer un gran esfuerzo, se tienen dudas sobre el modo de abordar la tarea o sobre cuál será el resultado. A veces también se puede caer en este ladrón de tiempo para evitar situaciones conflictivas o como respuesta a un trastorno psicológico, generalmente síntoma de una tendencia a la depresión.

Las consecuencias de postergar tareas y asuntos son siempre negativas:

  • Generar retrasos, minimizar la productividad, afectar al planning, crear mala imagen y perjudicar al cumplimiento de objetivos.

  • Tener conflictos con otras personas, enrarecer el ambiente de trabajo y menoscabar la calidad de las relaciones laborales.

  • Privarse de un beneficio, incrementar los niveles de estrés, aumentar la frustración y prometerse en vano que no se volverá a procrastinar.

Estos efectos adversos se multiplican a la vez que el hábito de procrastinar se arraiga en el individuo, generando pensamientos del tipo de "para qué voy a intentarlo", "no soy capaz" o "esto es demasiado para mí", que terminan por hacer mella en la moral de la persona e impactando también en su entorno.

Consejos y buenas prácticas para evitar la procrastinación

Cada persona, si es consciente de su tendencia a procrastinar, puede emplear ciertos trucos para evitar sus perniciosos efectos para la gestión del tiempo. Los más efectivos son los siguientes:

  • Planificar: hacer planes y cumplirlos es el mejor arma para evitar la procrastinación. Cada minuto invertido en planificar tareas permite ahorrar hasta diez minutos en el momento de ejecutarlas.

  • Crear listas: la motivación es necesaria para evitar procrastinar y un elemento fuertemente motivador es el tachar de una lista cada actividad completada.

  • Priorizar: es cierto que no siempre se dispone del tiempo suficiente para hacerlo todo pero, de acuerdo con la ley de la eficiencia forzosa, en todas las ocasiones es posible terminar aquello que se considera más importante.

  • Dividir las tareas: cuando una actividad se descompone en pequeñas partes da menos pereza comenzarla y se evita la tentación de procrastinar.

  • Controlar la carga de trabajo: hace falta ser realista y evitar sobrecargarse de responsabilidades que pueden conducir a la frustración. Hay que fijarse una cantidad de tareas diarias a las que sea posible hacer frente.

  • Dividir el tiempo en unidades: si una actividad requiere de dos horas de trabajo continuado, se puede considerar como una medida de tiempo. Tras ella, puede planificarse un pequeño descanso o un cambio de actividad. Actuando de esta forma se evita interrumpir una tarea a mitad ya que el bloque ha de considerarse como una unidad indivisible.


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En la batalla por una gestión del tiempo sana y una productividad en aumento, el individuo no está solo. De hecho, la organización juega un papel decisivo en la lucha contra este ladrón de tiempo y puede ayudar al individuo a evitar la procrastinación:

  • Esforzándose por reconocer los logros individuales de la plantilla.

  • Propiciando la flexibilidad.

  • Adaptando las cargas de trabajo mediante una reorganización o una mejor distribución o ajuste, basándose en un método científico de medición que aporte datos objetivos y se sustente en la transparencia.

  • Elaborando planes de formación, que adecuen las capacidades individuales a las exigencias del puesto para minimizar el esfuerzo que supone enfrentarse a las tareas.

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